Las marcas son más que productos, de hecho, hoy en día, se crean antes que los productos como estrategia para diferenciarse en el mercado y conectar mejor con su audiencia potencial. Ésta busca una marca con la que identificarse porque comparte sus valores. Entonces se siente cómoda comprándola, usándola y recomendándola.

Una buena estrategia de marca se centra en el usuario para definir el producto. Por ejemplo, al prepararla conviene hacerse preguntas como qué valora positivamente de entre todas nuestras competencias, qué atributos reconocerá como propios o qué servirá para marcar la diferencia respecto al resto. Esto ayuda a definir los beneficios del producto y, por tanto, a crear una marca más sólida en el mercado porque será más fácil que mantenga la confianza de la audiencia.

Las marcas se construyen para durar en el tiempo. Por eso es tan importante llegar a lo más profundo del usuario, buscar la conexión emocional que nos ayude a distinguirnos. Si solo cubrimos lo básico de sus necesidades, no conseguiremos destacar ni llegar a conservar nuestra base de clientes por mucho tiempo. Nos habremos quedado en la superficie y la inversión de poner un producto nuevo en el mercado no habrá merecido la pena porque pasará desapercibido.

Tenemos que lograr que la marca impacte positivamente en la audiencia si queremos posicionarnos de manera clara y fidelizar a los clientes. Una manera segura de lograrlo es generando experiencias. Éstas pueden tomar diferentes formatos según el canal: desde un vídeo motion graphics a un microsite, pasando por un packaging o una campaña de advergaming.

Cualquier formato puede convertirse en experiencia positiva para el cliente si queda claro cuál es su propósito en relación a la misión de la marca. Si, además, lo que representa la marca queda claro y está bien conectado con lo que quiere el cliente, el éxito será mayor. La creatividad de la propuesta también contribuye a comunicar las características de la marca: no hay que descuidar la originalidad si se busca la relevancia.

Una buena estrategia de marca se define para conectar con su audiencia y así diferenciarse de la competencia, pero también para aportar algo más al usuario y, en general, a la sociedad. Si se piensa únicamente en el producto, se pierde esa contribución más global.